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Gurús de hojalata, hashtags sin valor, retweets sin cerebro

La galaxia Social Media nos ha permitido la comunicación interpersonal más allá del espacio/tiempo, esto es, ya no importan las distancias y se ejecuta en tiempo real; en ella, Twitter es un planeta a parte: esta megacomunidad, con más de 500 millones de usuarios registrados, 10 de ellos en España, es un espacio ideal para darse uno a conocer, mostrar y compartir intereses, e incluso construir una identidad o marca personal en el entorno digital que nos posicione y catalogue.

Todos somos, desde el punto de vista del marketing, una personal brand. El problema reside en la gestión que hagamos de esta marca personal en las redes sociales, en los mecanismos que utilicemos, y en el fin que queramos perseguir. La imagen que proyectemos en la red entra en relación con nuestra vida personal e incluso profesional; de hecho, nuestra reputación, aquello que los demás piensan de nosotros, está en estrecha correspondencia con nuestras publicaciones. No es de extrañar entonces que Twitter sea el esaparate ideal para todo tipo de oportunistas, vendehumos o charlatanes, hombres de hojalata y otros personajes de Oz que han pervertido los Social Media para convertirlos en su propio business media. Y lo peor es que no podemos culparles: la propia plataforma, sus aplicaciones satélite, y la connivencia tuitera se lo permiten.

La estrategia de estos nuevos pavos reales de los medios sociales es simple: se adueñan de un #hashtag y de una palabra clave (o varias), crean su estructura de marca alrededor ellas, y sobredimensionan su presencia automatizando mensajes a todas horas. La habilidad para elegir las palabras clave será la llave de su éxito: socialmedia, marketing, empleo, infografía, tutorial, manual, seo, sem, redessociales… son ejemplos conocidos por todos.

El león que carecía de valor

Toda marca debe asociarse a un concepto que la identifique; hasta aquí todo correcto. Lo incorrecto, y el error en el que caen este tipo de personajes, es el de adueñarse de ése concepto y creerse sus administradores exclusivos, pretendiendo convertirse en los reyes de la selva sólo por su apariencia y una abrumadora fachada, pero sin haber matado siquiera un ratón. Es cierto que una de las bases de los Social Media es el compartir contenidos, pero hay que hacer el esfuerzo de aportar algo, de generar valor. Recopilar y distribuir indiscriminadamente contenidos existentes en la red es como meterse en una pajarera con una metralleta, o querer convertirse en la twittipedia de tu vocablo mágico. No se puede ser tan despiadado; un ejemplo gráfico:

Como es evidente, en mi tweet mencionaba directamente al huevo verde esperando su respuesta (he manipulado las imágenes para que no se identifique a nadie, espero que no se me enfaden los señores gurús por devolverles al estado primigenio del huevo). La respuesta no se hizo esperar:

¡Manda huevos la cosa! Resulta que el huevo verde tiene programados sus mensajes por triplicado a sabiendas que además otras dos cuentas (suyas o en estrecha relación) le permiten quintuplicar su difusión. Mi siguiente pregunta debió ser: ¿Y por qué tres veces? No la hice. La respuesta iba a ser absurda para mi humilde proceder, o despiadada como un “para tener más visibilidad” o “porque me da la gana”. No le culpo: existen multiples herramientas que facilitan enviar mensajes por triplicado, quintuplicado y hasta por septuplicado.

El hombre de hojalata que no tenía corazón

Hay pavos a los que se les ve el plumero. Dicen utilizar twitter como una herramienta de trabajo cuando lo que realmente están haciendo es aumentar su promoción y autobombo a costa del trabajo de los demás. Individuos que, con mucha habilidad y soberbia son capaces de autoproclamarse los mayores expertos del tema en todo un continente, ‘divulgadores social media’, o hasta ‘evangelistas’ (títulos muy imaginativos, sí señor) sólo porque han sido capaces de gestionar hasta 50 mensajes por hora desde las más pintorescas fuentes RSS, tabloides, o programaciones en lote. Contenidos publicados por otros que ellos automatizan y convierten en tweets propios a cada actualización, a menudo sin citar las fuentes. Y autopropaganda que se repite todos los días, a la misma hora, con los mismos ganchos que ya no enganchan.

Auténticos gurús de la nada que parecen desconocer la actualidad que les rodea, que rara vez interactúan o empatizan con sus más de diez mil seguidores, y sólo capaces de ofrecer su ayuda cash mediante. Autómatas del tuit a quienes su propio personaje se les ha ido de las manos, a la espera de una Dorothy que les aceite las articulaciones, y les ayude a encontrar el corazón que les falta.

El espantapájaros sin cerebro

Mi personaje más odiado de Twitter-Oz. La birria hecha cuenta.

Hay quienes basan su perfil en el retweet. Pero no en un RT al uso, sinó en un RT por palabra clave; aplicaciones como Botize y otras son capaces de rastrear los mensajes con las palabras y hashtags que deseemos y retuitearlos por nosotros en nuestro usuario, despersonalizándolo.

Quise establecer un juego con una de estas cuentas, y encontré a la víctima propiciatoria de mi escarnio: alguien que, con nombre y apellidos, se esconde poniendo como imgen de perfil una foto que no le corresponde y se presenta como “Social Media Manager en potencia, en continuo aprendizaje”, ahí es nada, vaya tela. Aposté lo siguiente, y la respuesta llegó automáticamente en forma de RT:

¡Imaginaos mi gozo! Tanto, que tuve la malévola intención de repetir:

Juro que las dos respuestas fueron del mismo usuario. Y confieso que pasé toda la semana ‘dialogando’ a base de retuits con esta cuenta, probando otras palabras que también funcionaron; incluso probé a obtener dobles y triples retweets incluyendo varios términos y hashtags mágicos en una misma apuesta, sin éxito (pedí perdón a los dioses del Social Media por estos pecados; mi índice Klout subió 3 puntos ésa semana… recé 5 sagrados tips y 2 infografías).

Hay que tener un poquito más de cabeza. Y de decencia. No se puede construir una marca personal desde el bombardeo, la tosca alimentación del ego, o el simple corta y pega; hay que mostrarse, compartir lo que se conoce, opinar de lo que se sabe, hacer contribuciones singulares y válidas a la comunidad… e intentar sobresalir y marcar estilo desde el talento, la imaginación y la identidad propias.

“-Vale, entonces… ¿cómo obtengo yo su valor?”

Wizard of Oz, The Short Version, ilustración de Mike Jacobsen, seemikedraw.com.au

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