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Plan Social Media


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Planificación Social Media para fotógrafos y profesionales de la imagen

Hace unos días ofrecí una ponencia en l’Escola d’Art i Superior de Disseny de Castelló, en el marco de las jornadas de diseño que vienen celebrando año tras año, que quiero compartir.

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Dividí la presentación en tres grandes bloques:

  1. Una primera parte, de carácter teórico, en la que expliqué la revolución que han supuesto internet, los nuevos medios y redes sociales, y las tecnologías de la información a la hora de comunicarnos; traté también la conveniencia de forjar una buena imagen de marca personal y profesional, de vigilar constantemente nuestra reputación, y de cuidar todo aquello que hacemos y decimos, de ser capaces de generar buenos contenidos y con valor, para cerrar esta primera parte, hice hincapié en algo que era de mucho interés para los asistentes: cómo proteger las obras y creaciones a compartir en la red.
  2. La segunda parte, más práctica, quise establecer una hoja de ruta de cómo posicionarse como profesional en los medios y redes sociales. Puse en el centro de la planificación un sitio web propio, que identifiqué como ‘nuestra casa’ en la red, en el que no sólo debíamos mostrar quiénes somos y qué hacemos (catálogo y portfolio) sinó que también tenía que ser un espacio de conversación con nuestros invitados (espacio blog). Partiendo de esta ‘casa’ establecí una serie de caminos y sendas hacia los medios y redes sociales (generalistas y específicos del sector), de manera que la circulación transversal de nuestros contenidos entre estas diferentes plataformas hiciera que, por un lado, éstas vías dieran mayor visibilidad a la propia marca y trabajos, y por otro, trazaran los caminos de vuelta para generarnos visitas y mayor tráfico web. Traté cada red social de manera diferenciada, dándoles un valor específico según sus usos y aplicaciones más adecuados.
  3. En la tercera y última parte quise mostrar a través de tres ejemplos todo lo dicho. Seleccioné tres perfiles diferentes de fotógrafo, a quienes entrevisté personalmente a través de cuestionarios online y por vía telefónica:
  • Vicente Nadal, fotógrafo que gracias a su web (hecha por él mismo), su blog y una presencia activa en redes sociales ha sabido hacer más visible su marca personal. Destaqué la buena estructura del sitio: limpio, conectivo, social y usable por todo aquél que entra en él.
  • Sergi Reboredo, como profesional más especializado (fotoperiodista y docente) me sirvió para mostrar también la exponencial visibilidad que pueden aportar las redes sociales, partiendo siempre de un producto de calidad, así como la oportunidad de gestionar nuevas vías de negocio.
  • El Marco Rojo ilustró de qué manera se puede sacar un gran rendimiento a la presencia online si se tiene una buena imagen corporativa, un trabajo de calidad y especializado, y también una buena estrategia de comunicación de estos contenidos, a través de los blogs propios y de la casi exclusiva utilización de su fanpage en Facebook.

La ponencia fue muy celebrada, con una buena asistencia, mucho interés generado y bastantes preguntas al final. De hecho, me pidieron después de la charla que me reuniera en privado con la clase de fotografía para resolverles dudas pendientes; fue un muy buen rato, en cercanía, en el que hablamos de manera distendida sobre las estrategias que ya estaban siguiendo para darse a conocer en la red.

¿Qué opinión os merece? ¿Os parece adecuada la planificación que propuse?

Se aceptan comentarios, críticas constructivas y todo tipo de ideas…

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Escuchar, dialogar, volver a escuchar… innovar

En la entrada anterior hablaba de la esencialidad del factor diálogo como motor de la innovación, representada bajo la fórmula (I+D+i)+d. Es hora de demostrar, de manera detallada, cómo las conversaciones están presentes en todos y cada uno de los modelos de innovación que una empresa puede y debería adoptar.

innovación, mecanismo, máquina del tiempoInnovación tecnológica

En el entorno actual, rápidamente cambiante, globalizado e informatizado, lo primero que tiene que tener una empresa es una gran ventana al mundo para darse a conocer. Por mucho que se trate de una empresa conocida y más o menos establecida, y sea cuál sea su ámbito de influencia o actuación, no se puede obviar el posicionamiento en la red, este “nuevo mundo virtual” cada vez más presente e influyente en todos los procesos de nuestras vidas.

La creación de una buena página web (si no la tuviera, estuviera anticuada o fuera un sitio estático, no dinámico) y su optimización en motores de búsqueda, una buena estrategia en redes sociales, foros y revistas online especializadas (desde la profesionalización más estricta), y un buen plan de marketing y de contenidos, son campos esenciales de actuación para darnos a conocer como empresa, para mostrar las bondades de nuestros productos, y para mostrar una imagen de empresa viva, moderna y que está al día, que anda al mismo ritmo que la sociedad a la que se dirige y no se ha quedado atrás, ni va contracorriente.

Esta innovación tecnológica estaría hecha “hacia afuera” de cara al mundo exterior a la empresa, seria de ejecución prácticamente obligatoria dados los tiempos que corren y supondría unos costes relativamente bajos (ay, el ROI…) en relación al beneficio que de ella se puede obtener: difusión de las actividades de la empresa de cara a un público no sólo de ámbito nacional, sino también internacional, posicionamiento de productos y marcas, incluso en el futuro la posibilidad de ventas online (no hay que limitar la dimensión de las empresas a un ámbito geográfico sino ajustarlas al volumen de negocio). Pero ¡ojo! …y cito a María M. Lorman: “estar en internet es gratis (o relativamente barato); saber cómo estar no lo es“: no hay que caer en el error de querer estar en todos lados, ni de querer abarcar una presencia cuya magnitud luego no podamos soportar. ‘Saber estar’ hace referencia a la capacidad de orquestar una comunidad más o menos sólida alrededor de nuestra marca, de fomentar el diálogo, la interacción y un sentimiento de pertenencia al grupo que genere complicidad, fidelidad, y en último término, beneficios (que pueden ser económicos, pero también en forma de prestigio, de posicionamiento de marca, diferenciación o ventaja frente a la competencia).

Habría otra fase “hacia adentro”, de innovación in-house, que afectaría directamente a la empresa en forma de implantación de nuevas tecnologías, herramientas TIC, mejoras en la informatización de los procesos, en el software administrativo y maquinaria  y que permitirían, por ejemplo, el envío de presupuestos y facturas vía mail, la interacción casi en tiempo real con proveedores… Un proceso al que seguramente los directivos serian más reacios, por los costes que supone, pero totalmente recomendable y de implantación más progresiva si se quiere de cara a la optimización de los recursos propios, la organización interna y el más que probable ajuste de los costes variables del producto que esto supondría, y que acabaría redundando en un mejor margen comercial, esto es, en mayores beneficios por la mayor eficiencia que suponen. Vemos como el diálogo entre partes vuelve a ser motor de la innovación; de hecho, muchos auguran que éste va a ser el año de mayor desarrollo de las redes sociales corporativas.

Innovación incrementalsacapuntas quíntuple

Ésta seria la actuación a llevar a cabo sobre las unidades de negocio ya consolidadas y maduras; los productos que se han estabilizado en el mercado son los más seguros de cara a los resultados de una empresa, pero también los más susceptibles a ser copiados y/o mejorados por la competencia. Por eso hay que tener presente en todo momento cómo evoluciona la demanda, los posibles problemas derivados del producto y sus soluciones, las maneras de mejorarlo o hacerlo más eficaz, ecológico, barato de fabricar, almacenar y transportar, en definitiva, revisar la cadena de valor (siempre Porter…) de cada uno de nuestros productos: la incesante escucha activa de lo que se dice de nosotros debe ser la columna vertebral de nuestra nueva estrategia empresarial. La mejora de productos ya afianzados evitará su obsolescencia, y es en sí misma innovación.

Innovación radical y abierta

Como se ha explicado, existen diversas estrategias para la obtención de nuevas ideas: investigación interna (equipo de ingenieros, técnicos en producto, concursos de ideas, que requieren una cierta implicación y motivación del personal) o externa (aportaciones de clientes, proveedores, departamentos científicos de universidades, colaboración empresarial, interacción y diálogo con nuestra comunidad online…). Éstas innovaciones sólo se consiguen, como ya hemos señalado antes, si existe en la empresa una cultura de la innovación asentada, donde las ideas fluyen de manera natural y se estudian, se valoran las posibilidades de éxito y, en último término, se llevan a cabo.

Escuchar, dialogar, volver a escuchar. Un nuevo producto aporta a la empresa los valores de la diferenciación y la exclusividad, que acompañados de las estrategias pertinentes de segmentación o una buena política de costes y precios harán fuerte al producto frente a los modelos antiguos, las posibles réplicas y copias e incluso ante nuevas alternativas llevadas a cabo por la competencia. Cabe tener en cuenta que el mercado siempre busca productos mejores (exclusivos, con una buena relación calidad/precio, más prácticos, simplificadores del trabajo, ahorradores de tiempo…) y hay que intentar ser, si no los primeros en obtenerlos, los que consiguen ese “mejor producto”. Las estrategias de innovación, debidamente implantadas, facilitaran este trabajo y nos pueden reportar grandes beneficios a corto, medio y, sobretodo, a largo plazo. La innovación abierta (el desarrollo de nuevos productos en colaboración con empresas de otros sectores, departamentos científicos, o universidades) da ocasión a una sinergia que puede ser casi infinita.

La innovación, como puesta en práctica de ideas creadoras en forma de nuevos productos, procesos y solución de problemas, no sólo aporta un valor añadido a los productos y a las empresas, sino al conjunto de la sociedad que se beneficia de ella. Por eso es tan importante fomentarla, y no hay otra vía que el diálogo.


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(I+D+i)+d: Investigación, Desarrollo, innovación… y ¡diálogo!

Apostar por la innovación no es solamente fundamental, sino que tiene que ser uno de los pilares base de la empresa de cara al futuro más inmediato, convirtiéndose en una estrategia deliberada.

Si la Investigación y el Desarrollo suponen, respectivamente, una mejora del conocimiento científico (de aquello que sabemos, de una manera metódica y demostrable) y de su aplicabilidad en el desarrollo de nuevas soluciones (de cómo somos capaces de convertir lo que sabemos en productos y servicios), la innovación agrega un componente tecnológico a la fórmula, de modo que se integran los nuevos avances al servicio de la experimentación, la producción, la distribución y el consumo (no sólo el cómo somos capaces de automatizar procesos, sinó también cómo podemos adaptar las últimas tecnologías al entramado industrial y comercial a favor del progreso).

investigación y desarrollo, innovaciónHoy, a la adición I+D+i cabría añadir sin dudar otra ‘d’, la del diálogo. Las nuevas tecnologías de la Información y la Comunicación, con las redes sociales a la cabeza, han convertido el mercado en una conversación contínua donde el cliente ya no sólo “siempre tiene la razón”, sinó que además dispone de los mecanismos e instrumentos necesarios para desentenderse de los canales tradicionales, donde los mensajes comerciales se difundían de manera unidireccional y controlada. Al productor de bienes y servicios ya no le basta con la publicidad a la vieja usanza para promocionar sus productos: hoy el éxito y el fracaso se miden en likes, shares, comentarios en foros y plataformas sociales; tampoco le son suficientes los mejores equipos posibles de inventores, diseñadores o desarrolladores: los clientes en red son sus analistas más críticos e implacables, aunque pueden convertirse también en sus mejores aliados. Desde esta nueva perspectiva, la innovación es social[1], un proceso interactivo en donde las herramientas 2.0 potencian los aspectos de relación entre los diferentes agentes socioeconómicos. Y esta relación es fruto del diálogo.

La innovación puede llevarse a término de muchas maneras, sin implicar a priori un gran desembolso económico, aunque sí esfuerzo y ciertos riesgos. Cabría analizar el modelo de negocio de cada empresa, el nivel de implantación de tecnología, la organización del trabajo y las cadenas de valor que se establecen en el proceso… así como su capacidad de diálogo y de desarrollo de ideas novedosas.


[1] Expresión obtenida de: Polo, Fernando y Juan Luis (2012) #socialholic, página 44.


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Periodista 2.0: ¿Community Manager o Content Curator?

Hace unos días me encargaron y publicaron un artículo en el blog de Escacc (Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Podeis leerlo en catalán siguiendo el enlace de arriba.

El encargo vino a colación de un comentario que realicé en el mismo blog donde, en una entrevista, el director de un importante periódico afirmaba que en su redacción no necesitaban un Community Manager, ni lo iban a necesitar nunca, puesto que eran los mismos periodistas quienes ‘asumian’ sus funciones. Mi respuesta intentaba aclarar la confusión generalizada acerca del trabajo del Community Manager, al mismo tiempo que situaba el trabajo periodístico, en el entorno de la social media, más cercano a la tarea de un Content Curator.

Éste es un extracto del artículo traducido:

Los periodistas de la era digital asumen cada vez más funciones, pero… ¿son también Community Managers? ¿O quizá deberíamos enmarcarlos más cerca de algún otro tipo de perfil como el del Content Curator?

La nueva Sociedad de la Información surgida a raíz de la eclosión de la web 2.0 ha revolucionado el trabajo de los profesionales de los medios tradicionales. Hoy la comunicación no es lineal, como antes, sino dinámica: la web social ha convertido la información en un objeto vivo fruto de la interacción, la participación, y la voluntad colaborativa de unos usuarios que ya no sólo son consumidores de esta información, sino que también son generadores y transformadores críticos. Es por ello que los profesionales de la comunicación han tenido que reinventarse y tener muy en cuenta los nuevos canales por donde fluye la información: los blogs y las redes sociales han democratizado la comunicación de tal manera que se han convertido en recursos y fuentes tan indispensables como lo habían sido los teletipos hasta el momento. Además, son un nuevo canal de compartición y difusión de los contenidos informativos, y la principal vía de reciprocidad y feedback entre los participantes del proceso comunicativo.

En este contexto a menudo se asimila el trabajo del periodista digital, que se sirve de las redes sociales para generar valor con sus informaciones, con el trabajo del Community Manager, y este es un error de concepto y un grave punto de confusión. Un CM no es un gestor de contenidos sino, como su propio nombre indica, de comunidades: es un especialista en redes sociales y abanderado de la comunicación empresarial. No debe ser necesariamente un experto del sector en el que desarrolla su actividad, aunque lo debe conocer, y sus capacidades abarcan la organización, la gestión, la monitorización y el análisis profesional de las relaciones entre una empresa y sus clientes, consumidores potenciales, o fans. En resumen: el Community Manager es un socializador de marcas o productos (lo que evidentemente le obliga a generar contenidos) y el administrador de la reputación digital de una empresa en entornos virtuales.

Por otra parte, ya hace unos años que se catalogó una nueva profesión en la social media, la de Content Curator (editor o gestor de contenidos), que a mi entender estaría más en consonancia con el trabajo que hacen los periodistas 2.0 actuales, ya que la Content Curacy es una disciplina ligada a la información y la documentación. El Content Curator es el encargado de obtener, filtrar y generar contenidos de la mayor calidad y lo más actualizados posible, de manera que da un valor añadido a la información en tanto que separa el grano de la paja en el densísimo tráfico web, al tiempo que genera nuevos diálogos sociales. Es en esta línea que trabajan los periodistas y redactores de hoy a través de los medios de comunicación social: obtienen información de la web (y de otros recursos tradicionales), la clasifican, la distinguen, la recomponen y crean un nuevo contenido de calidad y actualizado que comparten nuevamente para que siga rodando la espiral comunicativa.

En definitiva, es una adaptación de la tradicional labor periodística a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de comunicación, ahora más diversas, globales y sociales. Los periodistas de cualquier redacción pueden hacer un muy buen trabajo de Content Curator, pero nunca pueden ser personal cualificado en Community Management en el sentido que se expone, de no ser que se les forme adecuadamente para esta tarea (y entonces dejan de ser periodistas de contenidos para ser administradores de comunidades sociales). De hecho, las redacciones ya están llenas de buenos Curators, quizá sea hora de plantearse seriamente la incorporación de Communitys (si es que aún no los tienen) que socialicen de verdad sus actividades en red.


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Tengo un Plan: cómo llevar a cabo un PSM estable y sin fisuras

Las empresas y organizaciones han visto en las redes sociales una oportunidad de darse a conocer e interactuar con sus potenciales clientes desconocida hasta la fecha. El posicionamiento online de toda marca, producto o servicio se ha hecho casi imprescindible, de manera que disciplinas recientes como el marketing online, el posicionamiento y reputación web, o el community management se han convertido en las nuevas obsesiones de todo empresario para abordar en condiciones favorables los mercados 2.0. Pero estar en los medios sociales online requiere, además de la voluntad expresa de estar en ellos de manera activa, una serie de pautas a seguir, que se concretan en el Plan Social Media (PSM).

Lo más importante a la hora de desarrollar nuestro plan será establecer, de manera precisa, nuestros OBJETIVOS: debemos tener muy claro qué es lo que se pretende con la incursión de nuestra organización en los social media (posicionarnos, potenciar un producto o marca, ganar competitividad, aumentar las ventas, perfeccionar o a desarrollar nuevos productos…) Estos objetivos serán los que definan nuestra identidad digital, y tienen que ser siempre realistas; de lo contrario, nuestro posicionamiento y reputación digitales pueden verse seriamente dañados o caer en el absurdo.

Casi en paralelo a la definición de objetivos, tenemos que acotar a quién nos vamos a dirigir, estableciendo el TARGET de nuestra actividad digital. Hay que tener en cuenta para ello cuál es efectivamente nuestro público/mercado objetivo, sus gustos y preferencias, la visión que tienen de nuestra organización… Se trata más que nunca de exponer y, sobretodo, escuchar, dado que los social media nos permiten entrar en contacto con nuestros (potenciales) clientes y seguidores de una manera directa, rápida y personal. Definir mal nuestro target conllevará una pérdida de tiempo y dinero innecesarios, ya que buena parte de nuestro PSM no valdrá para nada, no se cumplirán los objetivos, y todo deberá reorientarse, o empezar casi de cero.

Una vez establecidos los objetivos y el target, es hora de elegir las PLATAFORMAS Y HERRAMIENTAS que sean necesarias para llevar a término nuestro plan. En este punto, es importante no querer abarcar todo, ni querer estar en todas las plataformas; es preferible mantener una actividad constante y equilibrada en los medios que elijamos que estar en todos y no poder atenderlos. La calidad siempre por delante de la cantidad (y esto vale también para nuestras publicaciones, mensajes y promociones). Y hay que tener claro el código de conducta y comunicación de cada plataforma, esto es, conocerlas bien para sacarles el máximo partido y conectar con sus usuarios.

Puesto en marcha el posicionamiento de la empresa en las redes, hay que ANALIZAR Y MONITORIZAR todos aquellos movimientos que se realizan en los social media en relación a nosotros. Esta tarea nos servirá para saber si vamos en el buen camino en la consecución de los objetivos, cómo está respondiendo el target a nuestras propuestas, o cuáles són las carencias o fisuras que puede haber en nuestra estrategia. Lo importante, como todo en la vida, no es llegar sinó mantenerse, por lo que hay que estar encima de la situación constantemente, para así poder incluso mejorarla.

Por último, además del Plan Social, es conveniente tener un PLAN B, por si el primero hace aguas, y un PLAN DE CRISIS para hacer frente a posibles crisis online. Un buen segundo plan nos hará ganar tiempo a la hora de reorientar el posicionamiento, herramientas u objetivos del primer plan; el plan de CRISIS será nuestro extintor de incendios: hay que saber gestionar las crisis con serenidad y buenas maneras, pidiendo disculpas si es menester, y saber asumir nuestros posibles errores.