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comunicación & social media


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El por qué de las licencias Creative Commons

En este vídeo (quizá un poco largo, vale…) podréis conocer la diferencia entre el Copyright y la modalidad Creative Commons, que permite reservar ciertos derechos, a gusto del autor, sobre la compartición de sus creaciones.

Este blog se acoge a las Creative Commons, de manera que se permite:

Compartir, copiar, distribuir, ejecutar y comunicar públicamente todos los contenidos de esta página bajo las condiciones siguientes:

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Periodista 2.0: ¿Community Manager o Content Curator?

Hace unos días me encargaron y publicaron un artículo en el blog de Escacc (Fundació Espai Català de Cultura i Comunicació). Podeis leerlo en catalán siguiendo el enlace de arriba.

El encargo vino a colación de un comentario que realicé en el mismo blog donde, en una entrevista, el director de un importante periódico afirmaba que en su redacción no necesitaban un Community Manager, ni lo iban a necesitar nunca, puesto que eran los mismos periodistas quienes ‘asumian’ sus funciones. Mi respuesta intentaba aclarar la confusión generalizada acerca del trabajo del Community Manager, al mismo tiempo que situaba el trabajo periodístico, en el entorno de la social media, más cercano a la tarea de un Content Curator.

Éste es un extracto del artículo traducido:

Los periodistas de la era digital asumen cada vez más funciones, pero… ¿son también Community Managers? ¿O quizá deberíamos enmarcarlos más cerca de algún otro tipo de perfil como el del Content Curator?

La nueva Sociedad de la Información surgida a raíz de la eclosión de la web 2.0 ha revolucionado el trabajo de los profesionales de los medios tradicionales. Hoy la comunicación no es lineal, como antes, sino dinámica: la web social ha convertido la información en un objeto vivo fruto de la interacción, la participación, y la voluntad colaborativa de unos usuarios que ya no sólo son consumidores de esta información, sino que también son generadores y transformadores críticos. Es por ello que los profesionales de la comunicación han tenido que reinventarse y tener muy en cuenta los nuevos canales por donde fluye la información: los blogs y las redes sociales han democratizado la comunicación de tal manera que se han convertido en recursos y fuentes tan indispensables como lo habían sido los teletipos hasta el momento. Además, son un nuevo canal de compartición y difusión de los contenidos informativos, y la principal vía de reciprocidad y feedback entre los participantes del proceso comunicativo.

En este contexto a menudo se asimila el trabajo del periodista digital, que se sirve de las redes sociales para generar valor con sus informaciones, con el trabajo del Community Manager, y este es un error de concepto y un grave punto de confusión. Un CM no es un gestor de contenidos sino, como su propio nombre indica, de comunidades: es un especialista en redes sociales y abanderado de la comunicación empresarial. No debe ser necesariamente un experto del sector en el que desarrolla su actividad, aunque lo debe conocer, y sus capacidades abarcan la organización, la gestión, la monitorización y el análisis profesional de las relaciones entre una empresa y sus clientes, consumidores potenciales, o fans. En resumen: el Community Manager es un socializador de marcas o productos (lo que evidentemente le obliga a generar contenidos) y el administrador de la reputación digital de una empresa en entornos virtuales.

Por otra parte, ya hace unos años que se catalogó una nueva profesión en la social media, la de Content Curator (editor o gestor de contenidos), que a mi entender estaría más en consonancia con el trabajo que hacen los periodistas 2.0 actuales, ya que la Content Curacy es una disciplina ligada a la información y la documentación. El Content Curator es el encargado de obtener, filtrar y generar contenidos de la mayor calidad y lo más actualizados posible, de manera que da un valor añadido a la información en tanto que separa el grano de la paja en el densísimo tráfico web, al tiempo que genera nuevos diálogos sociales. Es en esta línea que trabajan los periodistas y redactores de hoy a través de los medios de comunicación social: obtienen información de la web (y de otros recursos tradicionales), la clasifican, la distinguen, la recomponen y crean un nuevo contenido de calidad y actualizado que comparten nuevamente para que siga rodando la espiral comunicativa.

En definitiva, es una adaptación de la tradicional labor periodística a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de comunicación, ahora más diversas, globales y sociales. Los periodistas de cualquier redacción pueden hacer un muy buen trabajo de Content Curator, pero nunca pueden ser personal cualificado en Community Management en el sentido que se expone, de no ser que se les forme adecuadamente para esta tarea (y entonces dejan de ser periodistas de contenidos para ser administradores de comunidades sociales). De hecho, las redacciones ya están llenas de buenos Curators, quizá sea hora de plantearse seriamente la incorporación de Communitys (si es que aún no los tienen) que socialicen de verdad sus actividades en red.


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Palabras 2.0

Dicen que las palabras se las lleva el viento; hoy, además, son bits en la nube.

Desde que la especie humana vive en sociedad, la necesidad de comunicación la llevó a esforzarse en encontrar un código válido para todos, un sistema que le resultara sencillo, rápido y eficaz para hacerse entender y entender a los otros. Los humanos hemos desarrollado, física, intelectual y tecnológicamente, la capacidad comunicativa del habla, que transforma una serie de fonemas sin significado a priori en una infinita combinación semiótica de morfemas y palabras, en una estructura creativa e infinita que hemos denominado lenguaje. Toda cosa, física, real, abstracta o imaginaria, ha tenido, tiene o tendrá una palabra correspondiente, y es por medio de esta combinación que los individuos creamos los discursos que nos sirven de expresión.

Dicen también que la escritura es la pintura de la voz; la escritura es, para todos nosotros que hemos tenido la suerte de la alfabetización, esta técnica que nos permite por un lado expresarnos y por otro hacer nuestras palabras un poco eternas. Decía Sócrates, el gran filósofo de la Grecia clásica, que por cierto no nos dejó ninguna palabra escrita: “Háblame para que yo te pueda conocer”. Aquí es donde radica el quid de la cuestión, todos y cada uno de nosotros tenemos, como individuos sociales, la necesidad de la comunicación, tanto como emisores como receptores de mensajes y discursos. Tenemos, en mayor o en menor medida, las capacidades físicas necesarias para la realización de esta tarea comunicativa. Pero tenemos también, y en eso deberíamos prestar especial atención, una serie de capacidades intelectuales y culturales definitorias que nos permitirán articular nuestras palabras de una manera o de otra, expresarnos con más o menos calidad y cantidad de recursos, darle a nuestras palabras un sentido u otro, una significación u otra, una intencionalidad o ninguna. La escritura es como un gran cazamariposas de palabras que se llevaría el viento.

Es la forma y el juego que le damos a las palabras, orales o escritas, lo que nos hará buenos conversadores, oyentes, o escritores, dependiendo de cada circunstancia comunicativa. Al hacer nuestras las palabras, expresamos, comunicamos y nos definimos, al tiempo que nos vemos en la obligación de aportar algo, de generar diálogo, de contribuir al circuito: muchos usuarios han entendido los blogs de manera equivocada, como un sistema de publicación de información personal, y han volcado a la red datos y reflexiones personales, legítimas, pero sin mucha capacidad de atraer la atención, el interés ni la respuesta de nadie. Otros usuarios, en cambio, han asumido el blog como un sistema de publicación personal idóneo para vehicular contenidos e informaciones de interés individual o colectivo tradicionalmente marginados en los grandes y convencionales medios de comunicación. Ahí reside el valor de las palabras 2.0. Cualquier otra cosa sería, también en el entorno digital, hablar por hablar. O cazar mariposas sin ton ni son.