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Escuchar, dialogar, volver a escuchar… innovar

En la entrada anterior hablaba de la esencialidad del factor diálogo como motor de la innovación, representada bajo la fórmula (I+D+i)+d. Es hora de demostrar, de manera detallada, cómo las conversaciones están presentes en todos y cada uno de los modelos de innovación que una empresa puede y debería adoptar.

innovación, mecanismo, máquina del tiempoInnovación tecnológica

En el entorno actual, rápidamente cambiante, globalizado e informatizado, lo primero que tiene que tener una empresa es una gran ventana al mundo para darse a conocer. Por mucho que se trate de una empresa conocida y más o menos establecida, y sea cuál sea su ámbito de influencia o actuación, no se puede obviar el posicionamiento en la red, este “nuevo mundo virtual” cada vez más presente e influyente en todos los procesos de nuestras vidas.

La creación de una buena página web (si no la tuviera, estuviera anticuada o fuera un sitio estático, no dinámico) y su optimización en motores de búsqueda, una buena estrategia en redes sociales, foros y revistas online especializadas (desde la profesionalización más estricta), y un buen plan de marketing y de contenidos, son campos esenciales de actuación para darnos a conocer como empresa, para mostrar las bondades de nuestros productos, y para mostrar una imagen de empresa viva, moderna y que está al día, que anda al mismo ritmo que la sociedad a la que se dirige y no se ha quedado atrás, ni va contracorriente.

Esta innovación tecnológica estaría hecha “hacia afuera” de cara al mundo exterior a la empresa, seria de ejecución prácticamente obligatoria dados los tiempos que corren y supondría unos costes relativamente bajos (ay, el ROI…) en relación al beneficio que de ella se puede obtener: difusión de las actividades de la empresa de cara a un público no sólo de ámbito nacional, sino también internacional, posicionamiento de productos y marcas, incluso en el futuro la posibilidad de ventas online (no hay que limitar la dimensión de las empresas a un ámbito geográfico sino ajustarlas al volumen de negocio). Pero ¡ojo! …y cito a María M. Lorman: “estar en internet es gratis (o relativamente barato); saber cómo estar no lo es“: no hay que caer en el error de querer estar en todos lados, ni de querer abarcar una presencia cuya magnitud luego no podamos soportar. ‘Saber estar’ hace referencia a la capacidad de orquestar una comunidad más o menos sólida alrededor de nuestra marca, de fomentar el diálogo, la interacción y un sentimiento de pertenencia al grupo que genere complicidad, fidelidad, y en último término, beneficios (que pueden ser económicos, pero también en forma de prestigio, de posicionamiento de marca, diferenciación o ventaja frente a la competencia).

Habría otra fase “hacia adentro”, de innovación in-house, que afectaría directamente a la empresa en forma de implantación de nuevas tecnologías, herramientas TIC, mejoras en la informatización de los procesos, en el software administrativo y maquinaria  y que permitirían, por ejemplo, el envío de presupuestos y facturas vía mail, la interacción casi en tiempo real con proveedores… Un proceso al que seguramente los directivos serian más reacios, por los costes que supone, pero totalmente recomendable y de implantación más progresiva si se quiere de cara a la optimización de los recursos propios, la organización interna y el más que probable ajuste de los costes variables del producto que esto supondría, y que acabaría redundando en un mejor margen comercial, esto es, en mayores beneficios por la mayor eficiencia que suponen. Vemos como el diálogo entre partes vuelve a ser motor de la innovación; de hecho, muchos auguran que éste va a ser el año de mayor desarrollo de las redes sociales corporativas.

Innovación incrementalsacapuntas quíntuple

Ésta seria la actuación a llevar a cabo sobre las unidades de negocio ya consolidadas y maduras; los productos que se han estabilizado en el mercado son los más seguros de cara a los resultados de una empresa, pero también los más susceptibles a ser copiados y/o mejorados por la competencia. Por eso hay que tener presente en todo momento cómo evoluciona la demanda, los posibles problemas derivados del producto y sus soluciones, las maneras de mejorarlo o hacerlo más eficaz, ecológico, barato de fabricar, almacenar y transportar, en definitiva, revisar la cadena de valor (siempre Porter…) de cada uno de nuestros productos: la incesante escucha activa de lo que se dice de nosotros debe ser la columna vertebral de nuestra nueva estrategia empresarial. La mejora de productos ya afianzados evitará su obsolescencia, y es en sí misma innovación.

Innovación radical y abierta

Como se ha explicado, existen diversas estrategias para la obtención de nuevas ideas: investigación interna (equipo de ingenieros, técnicos en producto, concursos de ideas, que requieren una cierta implicación y motivación del personal) o externa (aportaciones de clientes, proveedores, departamentos científicos de universidades, colaboración empresarial, interacción y diálogo con nuestra comunidad online…). Éstas innovaciones sólo se consiguen, como ya hemos señalado antes, si existe en la empresa una cultura de la innovación asentada, donde las ideas fluyen de manera natural y se estudian, se valoran las posibilidades de éxito y, en último término, se llevan a cabo.

Escuchar, dialogar, volver a escuchar. Un nuevo producto aporta a la empresa los valores de la diferenciación y la exclusividad, que acompañados de las estrategias pertinentes de segmentación o una buena política de costes y precios harán fuerte al producto frente a los modelos antiguos, las posibles réplicas y copias e incluso ante nuevas alternativas llevadas a cabo por la competencia. Cabe tener en cuenta que el mercado siempre busca productos mejores (exclusivos, con una buena relación calidad/precio, más prácticos, simplificadores del trabajo, ahorradores de tiempo…) y hay que intentar ser, si no los primeros en obtenerlos, los que consiguen ese “mejor producto”. Las estrategias de innovación, debidamente implantadas, facilitaran este trabajo y nos pueden reportar grandes beneficios a corto, medio y, sobretodo, a largo plazo. La innovación abierta (el desarrollo de nuevos productos en colaboración con empresas de otros sectores, departamentos científicos, o universidades) da ocasión a una sinergia que puede ser casi infinita.

La innovación, como puesta en práctica de ideas creadoras en forma de nuevos productos, procesos y solución de problemas, no sólo aporta un valor añadido a los productos y a las empresas, sino al conjunto de la sociedad que se beneficia de ella. Por eso es tan importante fomentarla, y no hay otra vía que el diálogo.

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Crowdfunding y gamification: ¡un juego de locos!

Nunca ha sido fácil conseguir la financiación necesaria para emprender un negocio, sacar adelante un proyecto cultural, o poner en marcha una investigación científica. Tradicionalmente, los primeros inversores suelen pertenecer a una de las ‘tres efes’ de la conocida fórmula Family, Friends and Fools’ (família, amigos y algún que otro pirado), y el crowdfunding, la financiación colectiva, aunque ahora sea un concepto de moda no es una fórmula nueva; los sistemas de inversión y donación múltiple vienen de muy lejos: véanse así las casas de la caridad, las cooperativas, o más recientemente las ONGs.

crowdfunding and gamificationEl crowfunding en la web social

La novedad en el crowfunding de hoy radica en su enfoque colaborativo y participativo a través de los medios y redes sociales. Que nadie piense que se trata solamente de presentar un proyecto y hacer caja, ni que cualquier idea de negocio puede tener cabida en este sistema de financiación colectiva: el crowdfunding va dirigido fundamentalmente a cubrir las necesidades de aquellos proyectos que, o no llaman la atención de la iniciativa inversora privada, o no cumplen los requisitos para la obtención de subvenciones y ayudas públicas. Estos proyectos deben presentarse de manera atractiva, ser viables, estar bien estructurados y contar con una firme y voluntariosa capacidad de movilizar comunidades. La mayoría de campañas que consiguen alcanzar sus objetivos (muchas son incapaces de ello; otras, las que menos, pueden incluso llegar a superar sus propias expectativas) tienen como mínimo una de estas dos características esenciales: o tienen ya armada una comunidad de usuarios más o menos sólida, o el proyecto es capaz por sí mismo de generar la empatía necesaria para construirla, por propagación viral. Se añade así una cuarta ‘efe’ a la tríada de inversores antes comentada, los Fans: mitad amigos, mitad locos, y con ese sentimiento de pertenencia al mismo grupo que casi los convierte en una família.

Ventajas y problemas de la financiación colectiva en la red [1]

El crowfunding, tanto si se realiza de manera directa (por uno mismo, a través de un sistema de donaciones en una web o sitio) o a través de plataformas especializadas:

  • posibilita un acceso rápido y sencillo a una gran multitud de personas,
  • no requiere de fuertes inversiones iniciales,
  • se realiza a través de mecanismos de pago y recepción ágiles y seguros. Los habituales: PayPal, SafetyPay, etc;

el crowd viene a reemplazar las formas de financiación a las que el emprendedor no ha podido acceder, como los créditos bancarios o el capital de riesgo.

Por contra, existen algunos problemas, o detalles a tener en cuenta:

  • existe cierta falta de seguridad jurídica,
  • se puede llegar a obtener hasta un 30% menos de lo esperado. Hay que tener en cuenta la comisión que se lleva la plataforma, la comisión de la pasarela de pago, y los impuestos que puedan derivarse de la facturación; el truco estará, pues en pedir 130 en lugar de 100, para poder cubrir estos ‘contratiempos’.
  • tener muy presente la gran cantidad de trabajo que supone la movilización de las  comunidades de fans y su conversión en donantes o inversores.

La importancia del retorno y su ‘gamification’

Dejando al margen las donaciones puramente altruistas que generalmente tienen que ver con proyectos de ayuda solidaria, la caridad, o el auxilio… nadie presta nada a cambio de nada. Existen distintas modalidades de retorno al inversor en crowfunding: la participación en beneficios, el reparto de dividendos en forma de acciones, o sistemas de préstamo por intereses. Pero la fórmula más usual, por ser la menos comprometida para el emprendedor y la más sencilla de cumplir, es la basada en las recompensas.

El retorno basado en recompensas es gamificación pura: Los proyectos se muestran en la página de inicio de las plataformas a modo de tablón, con una regla que marca la cantidad conseguida hasta el momento, la cifra óptima a obtener, los días restantes para realizar asignaciones… y hasta se pueden convenir diferentes rondas de financiación por proyecto. Del mismo modo se marcan una serie de recompensas individuales en función de una gradación de cantidades a prestar. Por una aportación mínima se tiene derecho aparecer en la lista de patrocinadores; en el siguiente peldaño el premio se incrementa, pudiendo recibir a cambio algo material relacionado con el proyecto; a un tercer nivel, la recompensa suele incrementarse por medio de la personalización dedicada de la recompensa, lo que da un valor añadido de exclusividad; y así sucesivamente.

El hecho de gamificar estos procesos de donación / inversión tiene una intencionalidad muy clara. Por un lado, hace más atractivo el sistema; por otro, incita al cofinanciador a aportar cantidades más altas. En el fondo, el crowfunding es un juego social de inversión que beneficia a todas las partes.


[1] Conclusiones de Inma Blanco, Ceo en Baloia, expuestas en el marco de las charlas ‘Sinergio Martes’, iniciativa de Integralia.