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La Felicidad: un imposible-necesario

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Aunque felicidad y placer son conceptos que se encuentran íntimamente ligados, no son la misma cosa.

Desde los primeros tiempos del pensamiento se ha intentado encontrar respuesta a una de las cuestiones morales más trascendentes de la existencia humana, que se pregunta cuál es el sentido de la vida, cuál debe ser nuestro objetivo, nuestra finalidad, o en qué dirección deben ir nuestros actos y tomas de decisión. Y la respuesta de la mayoría de los pensadores clásicos fue la misma: la felicidad, entendida como el estado de ánimo de plena serenidad, tranquilidad o satisfacción, es el bien supremo y también la finalidad última. En este camino hacia la felicidad, las morales antiguas intentaron cada una de ellas teorizar sobre cuál era la manera por la que se podía conseguirla. Los clásicos la buscaron a partir de la razón, por la que se llegaba a la verdad ya la autorrealización como persona, a la época helenística la ataraxia era el camino, siendo las virtudes la vía de los estoicos, la indagación la de los escépticos, y el placer la de los epicúreos, el neoplatonismo estableció la felicidad en la verdad, que asimilaba en el Uno, que más tarde Agustín y Boecio identificaron con el Dios cristiano.

Así las cosas, podemos concluir que la felicidad debe entenderse como un bien supremo, en mayúsculas, y como una finalidad de nuestro devenir con un carácter trascendente, mientras que el placer sería uno de los estadios de este devenir, un criterio de valor (eminentemente positivo, en contraposición al negativo que sería el dolor o el sufrimiento, por ejemplo) dentro del proceso. El placer puede manifestarse de muchas maneras, es decir, pueden existir muchos y diversos tipos de placer, desde los más naturales y necesarios como el satisfacer el hambre y el mantenimiento de una buena salud (ejercicio físico), hasta placeres que emanan de la inteligencia • intelecto y la psique (hambre de conocimiento, investigación), de la emotividad (relaciones interpersonales, familia, amistad), de las convicciones (oración, meditación, solidaridad, caridad), de la contemplación o la estética (disfrute de la belleza) … Todos ellos, en definitiva, contribuyen a un mismo fin que no es ni más ni menos que nuestra Felicidad.

Visto de esta manera, el logro de la Felicidad es una larga carrera de fondo que parece no acabarse nunca, de hecho, algunos autores han considerado la Felicidad como un imposible. No hay duda, sin embargo, que la motivación de conseguirla es lo que nos hace levantarnos cada mañana con optimismo y ganas de salir adelante, de intensificar nuestros esfuerzos para obtener las recompensas -placeres- que harán nuestra vida más satisfactoria, serena, o equilibrada, con lo que se convierte al mismo tiempo en una necesidad. Por ello, no deberíamos resignarnos nunca ni dejar de buscar ese imposible necesario.[1]


[1] La definición de la Felicidad como imposible-necessario  fué introducida por el filósofo español Julián Marías.
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Autor: carlesbove

www.about.me/carlesBS

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